viernes, 7 de agosto de 2009

HONDURAS: PIEZA CLAVE EN EL BALANCE DEL PODER INTERNACIONAL

HONDURAS: PIEZA CLAVE EN EL BALANCE DEL PODER INTERNACIONAL
Iván Camarlinghi Mendoza*
Desde el pasado 28 de junio, en que el depuesto Presidente de Honduras, Manuel Zelaya fue “sacado de su casa en la madrugada en ropa de dormir” y expulsado por el Ejército hondureño a Costa Rica, ha corrido mucha agua bajo el puente, aunque menos mal no mucha sangre bajo el río, aunque podamos estar en la antesala de un “baño de sangre” que nadie quiere, menos los hondureños y los centroamericanos que vivieron décadas de guerras civiles y conocieron cuando comenzaron esos conflictos pero nunca pensaron que durarían tanto tiempo. El que si parece interesado, o al menos no interesarle un “baño de sangre” en su país, es el ex presidente Zelaya y su mentor el Presidente Chávez, así como sus aliados del ALBA.
Cuando pienso en la crisis de Honduras y las razones del por qué se da tanta importancia a un país pequeño y uno de los más pobres de Centroamérica, recuerdo que lo mismo pasó hace casi dos décadas a fines de los 80 con la invasión norteamericana a Panamá para “deponer” y capturar al Presidente de ese país, Manuel Antonio Noriega y los rusos invadieron Afganistán en 1980 para imponer un régimen acólito a su órbita, ya deteriorada entonces. En apariencia, Panamá y Afganistán no tenían mucha importancia geopolítica en el momento de ser invadidos por las dos principales potencias mundiales, pero la trascendencia de ambas naciones estaba explicada por el juego de poder y el balance internacional de poderes. Noriega desafiaba la política norteamericana para Latinoamérica y Afganistán fue el chivo expiatorio soviético para tratar de recuperar terreno perdido en el otrora resplandeciente “imperio comunista”.
Estos hechos y la búsqueda de una nueva configuración internacional, en el que el reacomodo de las “piezas” internacionales es vital, justificarían la importancia que la comunidad internacional (OEA, ONU, UE, Grupo de Río, UNASUR, MERCOSUR y otros) le dan al caso Zelaya y por ello, Honduras sería una especie de “peón decisivo”, en el complejo ajedrez de la sociedad internacional posmodernista.
Honduras es una pieza más en el eslabón del eje construido por Hugo Chávez a partir de la década pasada y alentada en forma indisimulada por los hermanos Castro y cuyas principales expresiones son los gobiernos de varios países latinoamericanos. Por ello, la OEA de Insulza, se encuentra apoyando la restitución de Mel en Honduras, aunque no hizo lo mismo cuando destituyeron ilegalmente a los presidentes Mahuad en Ecuador y a Sánchez de Lozada en Bolivia. Hay quienes consideran que existe un doble standard o una doble moral en este caso. Ningún demócrata puede estar de acuerdo con la forma torpe e ilegal en la que fue destituido Zelaya la noche del 28 de junio, pero nadie tampoco puede desconocer que ex presidente estaba incurriendo en una cadena interminable de ilegalidades y atentados a las leyes y a la Constitución hondureñas, la que califica como “traición a la Patria”, la posibilidad de buscar la reelección, como era la intención de Mel (nunca desmentida públicamente), para prorrogarse indefinidamente a pesar de estar prohibida por la constitución de ese país.
Pero el trasfondo nacional de estos hechos no es otro que disimular una cantidad inmensa de errores que venía cometiendo el depuesto presidente desde hace dos años cuando adscribió unipersonalmente a su país al ALBA, en contra del interés mayoritario de los hondureños. El corolario fue cuando se lanzó al referéndum para la cuarta urna en las elecciones nacionales de noviembre, posición en la que están en contra el Congreso Nacional, la Corte Suprema de Justicia, el organismo electoral, la Fiscalía y hasta el propio partido liberal en el que se montó el ex mandatario para acceder al poder. Ahora se sabe que Zelaya duplicó la deuda externa de su país en dos años de más de 300 millones de dólares a más de 700, aprobó varios decretos (incluido uno que autorizaba el uso de 6,7 millones de dólares en campañas publicitarias) sin que ni siquiera los hubiera aprobado el gabinete, cuadriplicó el salario mínimo nacional en menos de tres años, creando graves problemas a la empresa privada que tuvo que despedir a miles de empleados, así como generando un serio desbalance en el presupuesto nacional que tiene a las finanzas hondureñas en una grave crisis.
Pero hasta ahora resulta difícil discernir por qué tanto interés de la comunidad internacional por restituir al ex mandatario en su cargo, a seis semanas de haber sido derrocado. La pieza “Honduras” es clave para varios factores de poder en el mundo: 1) Para Hugo Chávez, porque ese país centroamericano era el último eslabón (y aparentemente el más débil) en esa entelequia denominada “socialismo del siglo XXI”, en la que el mandamás de Caracas no solo se jugaba una pieza más para sus inconfesos propósitos de convertirse en un nuevo “Libertador” de América (una especie de segundo Simón Bolívar), sino quizás la supervivencia propia en el Palacio de Miraflores. 2) Para el Secretario de la OEA José Miguel Insulza, porque si no apoya a Zelaya, no sólo va en contra de la Carta Democrática de la OEA, sino también contra sus aspiraciones de un segundo mandato al frente del organismo interamericano en el que los países del ALBA tienen al menos 9 votos que podrían ser decisivos para obtener el “pánzer” chileno la reelección. 3) Para Estados Unidos y el Presidente Obama, quien no puede avalar (en el marco de su nueva política hacia América Latina y el mundo) una interrupción de la democracia en las Américas, aunque el pasado norteamericano sea prolífico en apoyos a golpes de estado como el de 1973 en Chile. Sin embargo, en el accionar de EE.UU. y de la Secretario de Estado, Hillary Clinton no hubo una condena decidida y decisiva para restituir al Presidente Zelaya (quizás pensando en la influencia de Chávez en la región y en la posibilidad de empezar a poner fin al modelo que Venezuela quiere implantar en América Latina), aunque la censura al golpe y la búsqueda de soluciones democráticas a la crisis ha sido más que evidente. 4) La comunidad internacional, que no puede estar a favor de una situación de irrespeto a la Constitución, la democracia y las leyes, además del respeto a los derechos humanos y las libertades civiles. Sin embargo, de nuevo surge la doble moral de la denominada “comunidad internacional” que condena el Golpe en Honduras, pero apoya a quien estaba violando la constitución abiertamente y asesorado económica y logísticamente por Chávez; a la vez, la comunidad internacional no hace nada por situaciones similares en Ecuador, Venezuela y Bolivia, países en los que se desconoció la voluntad popular, las leyes y las constituciones para dar cabida a las aspiraciones dictatoriales de los presidentes de turno.
Sin embargo, a estas alturas del conflicto nadie ha preguntado lo que realmente desea el pueblo hondureño. Ni los cientos o miles de ciudadanos que protestaron contra el golpe, ni las decenas de miles que salieron a respaldar a Micheletti y a oponerse al regreso de Mel, representan la mayoría de la ciudadanía hondureña, a la que si hay que tomar en cuenta para resolver el entuerto. Debe observarse empero, que el golpe (a pesar de todo) no debe ser muy impopular porque no hubieron grandes demostraciones en contra del nuevo gobernante. Aquí deseo recordar el golpe de estado del 1º de noviembre de 1979 en Bolivia, cuando el Cnl. Alberto Natusch Bush dio un golpe de mano en contra del presidente interino, Wálter Guevara Arze, cuando éste intentó prorrogarse en el poder para enfrentar una fuerte crisis económica y una crisis política aguda como consecuencia del empate electoral entre Siles Zuazo y Paz Estenssoro en las elecciones de 1979. Natusch se mantuvo a sangre y fuego durante 16 días, matando a casi 200 bolivianos y dejando centenares de heridos en La Paz, para finalmente renunciar por la presión popular e internacional que desconoció el régimen militar. El “golpe” de Micheletti no tiene el más mínimo parecido con aquel de Natusch, pero ha sido condenado más enérgica y mayoritariamente que el dado por aquél Cnl. Boliviano.
La solución a esta crisis, debe pasar por el Plan Arias de formar un nuevo gobierno de reconciliación nacional y unidad nacional que garantice la continuidad del sistema democrático hondureño. La imperatividad del regreso de Zelaya no parece muy realista y siguiendo a una nueva “real politik” latinoamericana, habría que buscar la fórmula que pueda ajustarse al bando del ex mandatario, sin dejarlo de tomar en cuenta y que además, represente las aspiraciones del Presidente Micheletti y todas las instituciones democráticas que lo respaldan, incluidos los empresarios privados y la gente de la calle que ha salido a manifestarse mayoritariamente a favor del actual mandatario.
La política internacional no es un juego de suma cero absoluto, alguien siempre gana en la arena internacional cuando pone sus cartas sobre la mesa. Sin embargo, por la prosperidad de los hondureños, la paz en Centroamérica y la supervivencia de la democracia en este mundo globalizado y del post “fin de la historia”, es necesario que se resuelva la crisis de Honduras a la brevedad posible para darle continuidad al proceso electoral y a la institucionalidad democrática en ese país de 7,8 millones de habitantes y para dar esperanza al 80% de los habitantes de esa nación tan golpeada por la crisis económica, la crisis política y ahora el bloqueo internacional.
*Periodista y diplomático boliviano. Ex presidente de la Asociación de Egresados de la Academia Diplomática Boliviana.

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